Buscando la verdadera riqueza

“Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza.”

1ª Corintios 1:5

 

El ser humano siempre está en la búsqueda de cosas que le enriquezcan. En lo material, trabajando, a veces sin descanso busca tener más; en lo físico, cuidando su propio cuerpo; en lo intelectual, adquiriendo conocimiento; y en último de los casos, en lo espiritual, buscando a Dios.

El Apóstol Pablo les escribe a los corintios recordándoles que ellos habían sido enriquecidos en el Señor. Los corintios, lejos de ser perfectos, eran personas que tenían muchas cosas que debían corregir, pero en esta ocasión, el Apóstol les alienta a pensar en las cosas buenas que habían recibido de Dios. Esa riqueza implicaba la salvación, el llamamiento a la santificación (ser diferentes en un mundo perverso), y una capacitación a través de los dones del Espíritu Santo.

Estar constantemente cerca del Señor nos deja una huella en la vida que los demás pueden ver. Su compañía nos enriquece y nos modela; su toque nos hace sabios, humildes, amorosos, piadosos y llenos de su gracia. El Espíritu Santo nos consuela, nos anima y nos hace ver la vida desde una perspectiva diferente.

Necesitamos enriquecernos con la presencia de nuestro Dios; buscar cada día nutrirnos de Él, que es fuente de vida eterna, y el Pan de vida. Anhelar ser como Él; querer estar en constante comunión con Él para que Cristo sea formado en cada uno de nosotros… ¡En Cristo podemos ser realmente enriquecidos!

 

 

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